Maurice

Publicada en 1971 tras la muerte de E. M. FORSTER, que no quiso darla a la imprenta en vida por temor al alboroto que podría suscitar, MAURICE se convirtió rápidamente en obra emblemática de una experiencia común a millones de personas. En efecto, la novela, escrita con la sabiduría propia del autor de Pasaje a la India, narra el descubrimiento del amor homosexual de un joven de familia acomodada y su subsiguiente vivencia del mismo. El valor de la novela, sin embargo, no reside sólo en la exploración conmovedora y magistral de un tema tradicionalmente tabú, sino en la decidida y optimista voluntad de Forster de redimirlo de sombras, tormentos y desdichas: “El final felíz era imperativo. Estaba decidido a que por lo menos en una obra de ficción dos hombres se enamorasen y permaneciesen unidos en ese para siempre que la ficción permite; y en este sentido, Maurice y Alec aún vagan por los bosques. La única penalidad que la sociedad les impone es un exilio que alegremente abrazan”

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Silencio y soledad

Ruido, música a todas horas, móviles, redes sociales, noticias, mensajes, información, chistes, vídeos. ¿Y qué se saca de ahí? Confusión, desubicación.

Hay dos tipos de soledad, la voluntaria y la involuntaria. Ambas nos hacen fuertes, pero esta duele y aquella no. Hablo ahora de la soledad buscada. En un mundo que no para, que no descansa, parece que hay que estar en todo: enterarse del último chisme, estar al tanto de la última serie, no perderse un programa de televisión, y seguir hasta el último caprichito de cada influencer. ¿Y para qué? ¿Qué ganamos?, como mucho un

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Adeu València

Supongo que saber cerrar etapas es un síntoma de madurez. Sí, estoy a un día de volver a mi tierra, Galicia, pero antes de poner rumbo al punto de destino siempre están las interminables despedidas.

Llegué a esta ciudad hace ya dos años, aún recuerdo la primera vez que pisé Valencia, fue un 21 de julio (admito que me acuerdo de la fecha porque es el cumpleaños de mi padre) y el golpe de calor al bajar del AVE y salir de la estación de Joaquín Sorolla fue acojonante: uno de esos días de calor estresante que tanto conocen quienes viven o han vivido en el Mediterráneo.

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