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Silencio y soledad

Ruido, música a todas horas, móviles, redes sociales, noticias, mensajes, información, chistes, vídeos. ¿Y qué se saca de ahí? Confusión, desubicación.

Hay dos tipos de soledad, la voluntaria y la involuntaria. Ambas nos hacen fuertes, pero esta duele y aquella no. Hablo ahora de la soledad buscada. En un mundo que no para, que no descansa, parece que hay que estar en todo: enterarse del último chisme, estar al tanto de la última serie, no perderse un programa de televisión, y seguir hasta el último caprichito de cada influencer. ¿Y para qué? ¿Qué ganamos?, como mucho un

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Adeu València

Supongo que saber cerrar etapas es un síntoma de madurez. Sí, estoy a un día de volver a mi tierra, Galicia, pero antes de poner rumbo al punto de destino siempre están las interminables despedidas.

Llegué a esta ciudad hace ya dos años, aún recuerdo la primera vez que pisé Valencia, fue un 21 de julio (admito que me acuerdo de la fecha porque es el cumpleaños de mi padre) y el golpe de calor al bajar del AVE y salir de la estación de Joaquín Sorolla fue acojonante: uno de esos días de calor estresante que tanto conocen quienes viven o han vivido en el Mediterráneo.

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As nosas letras

“Hai xente que fala da vida a través dos conceptos; outros tenden a facelo con imaxes e algúns máis con metáforas. Sempre tiven a tendencia, mesmo nas discusións máis abstractas e volátiles, a entender o mundo baixo a especie do narrado” (Carlos Casares)

O 17 de maio de 1863 saía do prelo Cantares gallegos, de Rosalía de Castro, o primeiro de moitos libros escritos na lingua propia. Poesía, novela, relato curto, teatro e ensaio verían sumándose pouco a pouco para darlle á nosa lingua o estatuto que merece. Moito choveu xa desde o Rexurdimento e a día de hoxe, os nosos escritores

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Una voz

Si yo no tengo voz,

escribo.

Las palabras se ahogan

en el blanco del papel.

Y miro y observo

y río, considero

mi voz,

la creación de una voz

que cante

penas, sueños e ilusiones.

Una voz

que denuncie

y no calle,

no calle nunca.

Una voz,

mi voz.

Amistad

Aún estaba medio dormido. El cigarro le quemaba en los labios. Daba sorbos al café, aún caliente, que le devolvía al mundo.

Esa noche no había dormido nada, había estado acompañándolo. Cogida su mano, los recuerdos le volaban por la mente

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