Imre: una memoria íntima

Después de un largo peregrinaje por diferentes lugares del mundo, Oswald llega a Hungría huyendo de su pasado. En un café de la ciudad de Szent-Istvánhely, trasunto de la actual Budapest, conoce a Imre, un joven y apuesto soldado con el que establece una pronta amistad. A través del intercambio de confidencias mutuas, irán tejiendo una profunda relación afectiva que revelará al lector lo que se esconde tras la máscara de ambos personajes.

Imre: a memorandum, publicada en una edición limitada en 1906 y después desaparecida de la circulación, es la primera novela abiertamente gay con final feliz. Obra fundacional, es anterior a clásicos como Maurice, terminada en 1914 pero publicada en 1971, cuando el Movimiento de Liberación Gay ya había comenzado sus luchas. Inédita en español hasta que en 2014 la editorial Dos Bigotes publica Imre: una memoria íntima (Madrid, 2014. Trad. de Ainhoa Lozano Antoñana), con prólogo de Alberto Mira.

Como explica Alberto Mira en un prólogo muy lúcido (un breve repaso por la historia de la Literatura homosexual), se trata de una obra fundacional, en una época en la que hablar en primera persona homosexual en una obra con final feliz era peligroso. Incluso E. M. Forster sabía que una obra de estas características no era publicable. La novela se construye sobre la intimidad de los personajes, reflejada por sus diálogos y su correspondencia. Es la más clara característica de una obra fundacional, una novela sin referentes, cuando no había ningún modelo. A diferencia de lo que hace E. M. Forster, Prime-Stevenson opta por situarnos en la interioridad de los personajes, de modo que el mundo en el que viven solo lo descubrimos a través de sus palabras o de cómo influyen en ellos los lugares en los que están. El argumento es sencillo, y viene expresado por los títulos de los tres capítulos:

I. Máscaras

II. Máscaras y un rostro

III. Rostros / Corazones / Almas

La idea de la máscara que deben llevar los homosexuales para evitar el rechazo de la sociedad, lo que hoy llamamos el armario, es el eje vertebrador. La máscara es lo que los llena de angustia y los encierra en sí mismos. Los vuelve fríos y aparentemente insensibles, porque dejar ver los sentimientos puede delatar el secreto y eso puede ser mortal. Pero con la máscara no se puede ser feliz, para comenzar una vida plena lo primero es salir del armario. El armario es un lugar frío y lúgubre, demasiado oscuro como para poder vivir. Para que puedan comenzar una vida juntos y confesarse sus sentimientos, primero deben reconocerse entre ellos, deben quitarse la máscara. 

Edward Prime-Stevenson era un gran conocedor de la literatura médica sobre la homosexualidad, y dedica un gran esfuerzo a demostrar que no se trata de una enfermedad, sino solo de una condición. Muchos de sus postulados hoy están totalmente desfasados y nos pueden resultar incluso ridículos. Plantea una teoría esencialista de la homosexualidad y llega a hablar de una “raza”. Todas estas teorías que serían rechazadas desde los comienzos del activismo gay a comienzos de los setenta, y que han sido criticadas y abolidas por la teoría queer.  Sin embargo, defiende con solvencia que no se trata de una enfermedad, que han nacido homosexuales y eso es parte de su naturaleza, fuerte y sana.  Los similisexuales (otro de los términos usados para referirse a la homosexualidad) serían una raza distinta o un sexo aparte; idea, esta última, bastante interesante, aunque con una necesaria reformulación no-esencialista. 

Al lector le llama poderosamente la atención la especie de rechazo de las mujeres que parece esconderse en las palabras de los personajes. En una sociedad machista, huyen de cualquier acercamiento a características femeninas, y se esfuerzan, aunque de forma poco convincente, en que se trata de un rechazo estrictamente sexual. Hay un rechazo de todo afeminamiento, una defensa de la homosexualidad como hiper-masculinidad. En el fondo, se trata de crear un mundo masculino en exclusiva, para la “raza de los muy hombres”. El papel que juega aquí el ideal helénico del amor-amistad entre hombres es fundamental: Grecia es el modelo a seguir. Se trata de una mistificación de la homosexualidad muy propia de los años del silencio. Hoy nos reímos de todas las místicas.

Como es normal en estas obras que buscan legitimar la homosexualidad, se hace una lista de hombres excepcionales: artistas, pensadores, políticos, aclamados por la Humanidad como genios, que presentaban este “caos sexual”, desde Alejando Magno hasta Miguel Ángel. Una desviación que la sociedad disculpa silenciosamente. Pero también habla de los degenerados, alejados de toda causa noble, amanerados y afeminados, putos y sodomitas. Posiciones que hoy vemos como nítidamente homófobas. 

Hay dos temas fundamentales en la Literatura homosexual, presentes en casi todas las obras: uno son las terapias para “curar” la homosexualidad, otro es el cruising (aunque no suelen aparecer a la vez). Todos esos seres inmorales y degenerados son los que lo practican, así se sugiere inequívocamente. Y esto se oponen al amor heroico, masculino, el viejo ideal helénico del amor entre hombres, porque por supuesto este el modelo legitimador más importante; una época dorada en la que la Humanidad pensaba de otro modo. Pero es un grave error oponer la homosexualidad ideal, un amor casi místico, en el que el cuerpo y alma aman igual, a la degeneración. Pensemos que si muchos se vieron abocados a ir a los urinarios y quedar en habitaciones sórdidas y frías es porque no se les permitió amar, es porque se les condenó a la oscuridad. Ese amor luminoso entre hombres no es posible en una sociedad rabiosamente homófoba. 

Imre: a memorandum, es una novela luminosa y optimista. El final feliz es imperativo. Es una novela pionera y activista. Aunque sea un activismo más orientado al debate dialéctico que a la realidad de la calle. Un activismo burgués y acomodado. Pero es un compromiso explícito y valiente, en una época en que sugerir que un final feliz era posible para una relación homosexual era una hazaña; en una sociedad que nos deseaba la muerte sin inmutarse. 

Pero uno siente la tentación de compararla con otro clásico pionero, del que ya hablé, y yo no la pude resistir. Es un error, pero al leer esta novela no pude evitar compararla con Maurice. Lo siento, pero una me cautivó y la otra simplemente la disfruté. En Imre la tiranía de la máscara es tan fuerte que solo deseas que los personajes se la quiten, y cuando al fin lo hacen y se declaran su amor, lo hacen en un final ingenuo, imposible en una sociedad obsesivamente homófoba. Parece que el exilio a los bosques de Maurice y Alec es más realista y también más ilusionante; son expulsados de la sociedad, pero por eso mismo no están condenados a una relación ambigüa entre la amistad y el amor. Sin olvidar el evidente bucolismo que siempre ha tenido el bosque. Lo que tenemos entre las manos no es una novela romántica y cautivadora, sino una novela radical en la que la necesidad de legitimar la homosexualidad es tan fuerte que parece desplazar lo novelístico de la novela. El peso que todos los estudios psiquiátricos ejercen sobre la novela es abrumador. Se trata de una obra activista, un grito de libertad, una necesidad de arrancarse la máscara.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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