Amistad

Aún estaba medio dormido. El cigarro le quemaba en los labios. Daba sorbos al café, aún caliente, que le devolvía al mundo.

Esa noche no había dormido nada, había estado acompañándolo. Cogida su mano, los recuerdos le volaban por la mente al tiempo que una sonrisa se dibujaba en sus labios. Todos aquellos paseos por el río, esas conversaciones de lo íntimo, miradas que llegaban directas al corazón. Carcajadas sinceras, chistes absurdos y canciones cantadas a viva voz.

Nos miraban como si estuviéramos locos, pero locos ellos que no saben ser felices.

Al subir a la habitación él había abierto los ojos y sonreía. Esa risa llena de confianza en el amigo cuando la noche ha caído. Lo que le daba esperanzas era el hecho de tenerlo ahí, a su lado, de forma incondicional. Era esa la fuerza que le impulsaba a seguir luchando hasta vencer aquella maldita enfermedad que le estaba consumiendo.

Sólo dijo gracias y una lágrima compartida cruzó sus rostros.

 

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